El buen momento del actor Anthony Hopkins en su 80 cumpleaños

El buen momento del actor Anthony Hopkins en su 80 cumpleaños

Nunca quiso ser actor, pero cumple 80 años el pasado 31 de diciembre convertido en leyenda. No para de trabajar y es feliz junto a su mujer.

«Cada día pienso en dejarlo, pero entonces, llegan, me ofrecen un trabajo y acepto porque soy un actor». No son muchos los intérpretes que pueden presumir de llevar una vida profesional tan agitada cuando ya rozan peligrosamente los 80 años. Eso es algo que parece que solo está reservado a los grandes -a ellos, porque ellas lo tienen bastante peor-. Anthony Hopkins cambiará este 31 de diciembre de año, pero también de década. Ocho lleva ya en marcha. Y lo hará con una producción para televisión de ‘El Rey Lear’ junto a Emma Thompson, una nominación a los Emmy por la serie ‘Westworld’ y dos ‘blockbusters’ -las nuevas de ‘Thor’ y ‘Transformers’- para engrosar su ya abultada cuenta. ¿Quién diría que podría haberse jubilado hace 15 años?

Hopkins consiguió posicionarse como uno de los grandes actores de la historia en la década de los 90, gracias a tres películas consecutivas que le auparon al Olimpo hollywoodiense. Su interpretación de Hannibal Lecter le valió su primer Oscar -por un papel protagonista de poco más de 16 minutos en pantalla-, pero también le convirtió en leyenda. Nadie ha vuelto a interpretar a un psicópata de la misma forma. Con ‘Lo que queda del día’ consiguió su segunda nominación y asentar el tándem con Thompson tras ‘Regreso a Howards End’. Y remató la tríada metiéndose en la piel del expresidente Nixon en la película homónima. Ahí le cogió el gusto a los biopics, algo que ha repetido en varias ocasiones, encarnando desde Picasso hasta Hitchcock, aunque con una suerte mucho más diversa.

Bastaron estos títulos para considerarle un imprescindible. Por mucho que, a la vez, hubiese protagonizado un buen puñado de películas absolutamente olvidables. Pero Hopkins nunca ha ocultado que la interpretación es una profesión, un negocio. «Estoy muy sorprendido de estar todavía por aquí, haciendo lo que quiero y que los estudios sigan enviándome guiones para poder aparecer en la pantalla de vez en cuando», confesaba en una entrevista en Mirror en 2016. «Así que seguiré haciéndolo hasta que dejen de enviármelos y no me pidan trabajar». Puede que ahí esté la explicación de su últimos años de carrera, más centrados en la parte económica que en la reinvención actoral. Claro que, para él, lo de interpretar no es más que acudir y repetir sus frases. O al menos, eso asegura.

Hopkins nunca quiso ser actor. De joven pretendía ser concertista de piano. Hasta que conoció a Richard Burton, oriundo de su misma ciudad, Port Talbot, y cambió de idea. «Mi sueño era ser alguien diferente a quién era. Probablemente padecía dislexia, pero tan solo me clasificaron como estúpido en el colegio. Solo quería escapar». Vio en el teatro la forma de huir de su realidad y consiguió una beca para la Escuela de Música y Arte de Cardiff. De ahí salto a trabajar con el mítico actor británico Albert Finney y consiguió su primer papel importante en el cine en 1968, con Katherine Hepburn en ‘El león de invierno’. La actriz vio potencial y lo tuvo claro. «Tú no necesitas actuar. Tienes una buena cara, una buena cabeza y unos buenos hombros». Tan solo le aconsejó que dejase de beber. Algo que le persiguió durante largos años.

Un sólo día de nervios

La única vez que recuerda haberse puesto nervioso a la hora de enfrentarse a un papel fue a finales de los 60. Por aquel entonces, Hopkins combinaba sus inicios en el cine con el teatro -algo de lo que terminó cansándose-. Laurence Olivier le pidió que se uniese a la Compañía Nacional y cuando este enfermó, le tocó sustituirle. «Alguien dijo ‘hoy te toca salir a escena’ y yo dije ‘no, ni hablar’. Lo superé pasando puro terror», explicó en The Telegraph. A partir de entonces, se relajó. «Los actores estamos locos. Todos los actores queremos que nos quieran. Y a partir de ahí queremos más y más y más».

Hopkins cumplirá 80 en un aparente estado de paz vital. No le falta el trabajo, no le importa la fama y su vida personal lleva más de una década sin sobresaltos. Su tercera mujer, Stella Arroyave, le salvó del declive. «Me conoció cuando tuve un bajón emocional. Yo no sabía que lo tenía. De hecho, pensaba que era feliz. Pero estaba luchando contra una incipiente depresión. No confiaba en nadie, y menos en las mujeres». Se casaron en 2003 y no se han separado desde entonces. Arroyave, una vendedora de antigüedades de origen colombiano, le sacó del pozo y revivió. «Es muy positiva. He aprendido de ella a tomarme la vida de la forma que venga».

Tal vez se trate de la tranquilidad de saber que ya lo ha conseguido todo. Tal vez no sea más que la resignación al paso del tiempo. Lo que queda claro es que Anthony Hopkins tiene escrita su propia página en Hollywood. Por mucho que le pese a Hannibal Lecter.

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