France Gall, Gainsbourg y la inocencia perdida de las ‘yeyés’ francesas: te quiero, ya no te quiero más.

France Gall, Gainsbourg y la inocencia perdida de las ‘yeyés’ francesas: te quiero, ya no te quiero más.

Muere France Gall, mito de la música francesa.

Las secretas alusiones sexuales que Serge incluyó en la letra de ‘Les sucettes’ hicieron que la cantante, recién fallecida, cayera en desgracia.

Las yeyés francesas fueron un mito doble: por francesas y por yeyés. Hace ahora cincuenta y tantos años, ser yeyé era formar parte de la sedición juvenil fraguada en torno al rock y se daba por sentado que todas las chicas del país vecino ya habían superado felizmente la encrucijada de la liberación sexual, en la que aún se debatía la mayoría de los jóvenes españoles. De hecho, aún se decía que los niños, los bebés, venían de París. Todos los chicos querían tener una novia como Sylvie Vartan, la más bella del baile, tal rezaba el título de su canción más célebre: La plus belle pour aller danser (1965). Apenas se escuchaban los primeros compases, se apagaba la luz en los guateques y se robaban los primeros besos. Raramente se llegaba a más. Aquel era un mundo ingenuo y feliz, como los discos deFrançoise Hardy, la otra gran soberana de aquel reino afortunadoSin embargo, aunque vivieran mil años, la belleza de Marie Laforêt al cantar La plage (1961) permanecería incólume en la memoria de cuantos la admiraron entonces por primera vez. Igual que aún resuena en todos ellos Tous les garçons et les filles (1962), el tema más bello de la sublime Françoise. France Gall fue otra de las grandes chicas de aquel limbo poblado por flacas tristes y maravillosas que cantaban al primer amor. Aunque su mito se vio dañado cuando se alejó del gran Serge Gainsbourg -uno de los pilares de las yeyés francesas- al saber la alusión a las felaciones que entraña Les sucettes (1967), uno de los grandes éxitos que Gainsbourg la escribió. Pero al principio, todas las yeyés francesas interpretaban sus temas en español en programas como Escala en Hi Fi y el resto de los primeros espacios de la aún incipiente televisión.Fue aquel un tiempo parco en imágenes y las de las yeyés francesas se recortaban de la revista Salut les copains -algo así como la publicación oficial de lo yeyé- yse pegaban en las paredes de la habitación del estudiante de bachillerato. Como si en verdad fueran la novia que nunca llegaron a ser. Siempre había alguien que traía un número deSalut les copains de un viaje a París. Y, naturalmente, no tardaron en surgir publicaciones españolas donde recortar las fotos de las yeyés francesas.

Ya mucho después, la bella France fue expulsada de aquel reino candoroso como el amor en la adolescencia. Su enfrentamiento con Gainsbourg acabó colocándola en la estela de Mireille Mathieu -otra intérprete de aquellos años, a la que se imaginaba más cerca de la virgen de Lourdes que de Salut les copains-, y el lugar de France en aquel universo fue ocupado por la inolvidable Jane Birkin. Fue precisamente con Je t’aime… moi non plus (1968), el tema que Jane grabó con Birkin, cuando las yeyés francesas perdieron su candor.

Si no muertas, ahora todas están decrépitas, destruidas por la senectud. Pero en la memoria de sus admiradores su belleza y su candor permanecen incólumes. Basta con volver a escuchar a Françoise cantando L’ anamour (1968) oCome te dire adieu (1968)para reconfortarse en su recuerdo y adorarlas en la cumbre de su gracia una vez más. Como si hubieran sido la novia que nunca llegaron a ser.

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