Jesús Sandoval Bustos 			           DE GRATA MEMORIA

Jesús Sandoval Bustos DE GRATA MEMORIA

Marco Antonio Aguilar Cortés
Espigado, de fuerza física y de agudo pensar. Así recuerdo a aquel joven estudiante en el primer año de la Facultad de Derecho de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo en el año 1960.

Originario de una tierra agreste en donde a temprana edad no pocos niños portan pistola (Aguililla, Michoacán), llegó a Morelia a vivir en casa de estudiantes, de las múltiples que nuestra Universidad sigue teniendo para auxilio educativo.
Gustaba de jugar vencidas para mostrar su energía, con mano derecha o con mano izquierda, y destacaba en ello.
Practicaba el ajedrez, con más entusiasmo que destreza, logrando poco a poco un aceptable desarrollo.
Fue buen estudiante. Sus inquietudes políticas lo llevaron a cargos directivas de carácter escolar.
Durante cinco años en la facultad, como compañeros, no pudimos ser amigos, más bien fuimos adversarios.
En la sección, originalmente, fuimos 65 alumnos. Nos llamaban “la plana mayor” a 40 discípulos consolidados por amistad desde la preparatoria en el Primitivo y Nacional Colegio de San Nicolás de Hidalgo; 20 alumnos constituían “la plana menor”, en donde destacaba Jesús Sandoval. Había también 5 condiscípulos indecisos que votaban a veces con nosotros y en ocasiones con ellos.
Todos, vivíamos nuestra juventud queriendo conquistar al mundo, con el ansia de superarnos.
En ese tiempo explotó, en nuestros rostros, la lucha absurda entre gortaristas y antigortaristas en el año 1963, ahondando nuestras provincianas diferencias.
El nombre de los grupos combatientes fue paradójico.
Que estupidez tomar el apellido del rector, de ese tiempo, como bandera, para el tamaño de aquella confronta.
Eran lógicos los argumentos de los confrontados, respecto a nuestros problemas estrictamente universitarios de tipo académico y administrativo.
El mundo (en ese entonces) se encontraba en plena guerra fría entre Washington y Moscú. Las embajadas de ambos países usaban a los universitarios como carne de cañón, aprovechando sus contradicciones internas (en nuestro caso) muy nicolaitas.
En esa lucha la Universidad perdió. Alumnos, maestros y administrativos, quedamos divididos. Siempre son siniestros quienes dividen, más si son autócratas.
La educación y el desarrollo nos condujo a la edad de la razón; y, recién egresados y titulados como Licenciados en Derecho, nos dimos a la tarea de formar una agrupación bajo el nombre y la égida de un insigne mexicano: Generación de Abogados Benito Juárez.
Esa generación la constituimos con veinte abogados que, como estudiantes, estuvimos enfrentados política y académicamente, pero coincidiendo en principios éticos en nuestros específicos liderazgos.
Uno de esos integrantes fue Jesús Sandoval Bustos, quien su primaria la hizo en Aguililla, su secundaria en el Internado de Coalcomán, efectuando estudios en el Seminario de Tacámbaro, pero, una vez convencido de que no deseaba ser sacerdote, se fue a la Ciudad de México a realizar su preparatoria en San Ildefonso.
Con ese bagaje llegó al primer año de la Facultad de Derecho de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo.
En Morelia novió con una jovencita agraciada de nombre Graciela Hernández Moreno, de buena y reconocida familia, a quien él llamaba “Greis”. Casó con ella, y procrearon cuatro hijos: Jesús, Ignacio Manuel, Graciela y Alejandro.
Ese núcleo familiar, en ciernes, lo inspiró e impulso en su desenvolvimiento profesional. Jesús fue Agente del Ministerio Público y jefe de esos agentes, Juez en diferentes distritos judiciales, Magistrado del Supremo Tribunal de Justicia de Michoacán, maestro de la Facultad de Derecho, Notario Público en Apatzingán y Notario Público en Pátzcuaro.
Ya como miembros de la Generación de Abogados Benito Juárez, Jesús Sandoval Bustos y yo, (al igual que como todos los demás integrantes) nos hicimos entrañables amigos.
No hay duda de que la amistad florece donde menos se espera; bastan conciencias honradas de buena voluntad.
Y como esa cordial amistad es altamente contagiosa, las familias de cada miembro de esa generación de abogados han consolidado ese enlace de amigos.
La esposa de cada uno de esos abogados se ha unido para instituir a “las margaritas”, en reconocimiento a Margarita Maza de Juárez, esposa del reformador.
Ahora bien, como para morir, sólo se requiere estar vivo, Jesús Sandoval Bustos cumpliendo a satisfacción su ciclo vital ha fallecido.
Quien me dio la aciaga noticia fue Constantino Rojas, también amigo y compañero de generación.
Frente a la muerte de Jesús debo subrayar que, sobre todo, siempre fue bienhechor, al sostener inquebrantable su empeñoso espíritu de servicio, promoviendo proyectos útiles donde quiera que estaba, sobre todo a favor de nuestra Universidad.
De los veinte iniciales miembros de la generación, sólo sobrevivimos siete.
El tiempo ha menguado nuestro número, pero ha aumentado nuestro espíritu jurídico, nicolaita y juarista.
Para la familia Sandoval Hernández nuestra amistad solidaria.
Tendremos presente a Jesús Sandoval Bustos en sus mejores momentos.
Él nos deja: afables recuerdos, ejemplo imperecedero, y grata memoria.

Opinión